La simulación en perfusión es realista pero la transferencia entre escenarios no está demostrada

La evidencia acumulada en simulación clínica para perfusión y áreas afines muestra un alto nivel de realismo y aceptación, pero una brecha persistente en la demostración de transferencia al desempeño clínico real. Searles et al. (2024) validaron un simulador de bypass cardiopulmonar con puntuaciones de 4.37/5 en realismo fisiológico y 4.54/5 en efectividad para enseñar habilidades fundamentales, e incluso los participantes consideraron que el desempeño simulado predice el clínico (4.07/5). Sin embargo, esta percepción no equivale a evidencia empírica de transferencia. Las revisiones sistemáticas de Fung et al. (2015), Pimenta et al. (2025) y Zhang et al. (2026) coinciden en que el entrenamiento CRM basado en simulación mejora comunicación, liderazgo y conciencia situacional, pero la evidencia sobre transferencia a resultados clínicos reales (mortalidad, complicaciones) sigue siendo limitada y heterogénea.

Un hallazgo transversal es que el debriefing estructurado emerge como el componente pedagógico más efectivo. Tanto Pimenta et al. (2025) como Zhang et al. (2026) lo señalan como la estrategia más consistente para desarrollar NTS en entornos críticos. Abildgren et al. (2022) refuerzan esta conclusión al confirmar, en una revisión de 72 estudios, que las NTS son entrenables pero la investigación sobre retención y transferencia sigue siendo insuficiente. Por otra parte, Abe et al. (2019) aportan evidencia de que la práctica repetida en simulación reduce la carga mental (NASA-TLX), liberando recursos cognitivos para la toma de decisiones, un mecanismo relevante para el perfusionista durante el bypass. Finalmente, Armijo-Rivera et al. (2023) validan la escala TEAM en español en Chile, mientras que Armijo-Rivera et al. (2021) caracterizan los centros de simulación latinoamericanos, mostrando que el 84% opera en universidades y carece de procesos de acreditación estandarizados.

Para la tesis de Sandra, esta síntesis plantea un reto metodológico: demostrar no solo que la simulación en perfusión cardiovascular es realista y aceptada, sino que las competencias adquiridas se transfieren más allá del escenario simulado. El diseño de la intervención deberá incorporar debriefing estructurado, mediciones de carga cognitiva y, si es posible, seguimiento longitudinal que capture transferencia al contexto clínico real.